Notre Dame era blanca…

“Los arqueros habían formado un cordón para mantener a la multitud alejada del atrio. En todas las ventanas se apiñaban cabezas de curiosos. La bruma se había disipado y un sol pálido alumbraba las blancas piedras de Notre Dame de París. El edificio había sido terminado hacía solo setenta años y se trabajaba continuamente para embellecerlo. Poseía aún el brillo de lo nuevo, y la luz acentuaba el arco de sus ojivas, el encaje del rosetón central, y hacía resaltar el hormigueo de estatuas bajo los pórticos…
… El sol trazaba arabescos con las mitras, los báculos, el amaranto de los obispos, el oro de las cruces pectorales, el acero de las cotas de malla y de las armas de la tropa.
Ese centelleo, ese colorido, todo ese fulgor, hacía más violento el contraste con los acusados, para los cuales se había montado aquel gran espectáculo, los acusados, cuatro Templarios harapientos que, apretados unos contra otros, parecían un grupo moldeado en ceniza…”

Maurice Druon. Los Reyes Malditos, ‘El Rey de hierro’.

Como sabiamente me dijo Andrea en algún comentario, “Para bien o para mal: se descubre una sola vez.”  

Crecí leyendo una que otra cosa sobre Notre Dame hasta que en la secundaria me agarró una fiebre con Francia y la edad media, sin embargo, creo que no fue hasta hace unos 5 años atrás cuando comencé a leer la saga de “Los reyes malditos” de Maurice Druon que me encontré realmente con la Notre Dame de París y la descubrí, o por lo menos ese fue el sentimiento… A partir de ahí las ganas de ir a conocerla crecieron aceleradamente.

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En nuestra visita a Paris pude conocer en persona aquello que había descubierto unos años antes…
El resultado de estar ahí en persona y no a través de los viajes de la imaginación que uno realiza cuando lee fue pura revolución de mariposas en el estómago! (mi frase favorita cuando hablo de emociones)….
Piel de gallina al caminar por el edificio, tocar sus paredes, observar la colorida iluminación generada por la luz natural en las ventanas …

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Ese año la catedral cumplía 850 años, entramos en momento de misa… nos movimos silenciosa y respetuosamente por la iglesia y sus naves… 

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Ale, mientras sacaba fotos me observaba, ya no estaba sorprendido porque el viaje había comenzado semanas atrás y ya no era novedad el hecho de que yo venía viviendo en un permanente estado de éxtasis…. Completamente emocionada “para variar”, caminaba tocando las piedras de las columnas.. contándole cosas que había leído sobre algunos rincones, sobre algunas capillas…. curiosidades sobre algunos papas y la elección de los mismos cuando la sede aún estaba en Francia, faranduleo de reyes, historias maquiavélicas alrededor de éstos… ahí me encontraba yo, hablando fervientemente sobre los templarios y la maldición de Jacques de Moley…

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Si había que prender una vela, que valga la pena… Una velita para Juana de Arco

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Siempre sentí que se descubre algo cuando se tienen los ojos abiertos, cuando algo le hace un click a uno y le toca alguna fibra interior… ahí creo yo es cuando uno descubre algo…
Puede pasar con los grandes amores, con famosas ciudades… con pequeños rincones perdidos en el mundo, puede pasar con libros, con flores…
Siento que un descubrimiento pasa cuando nosotros permitimos que pase, cuando estamos receptivos, curiosos, con los sentidos a flor de piel….
Así, con los sentidos alertas, hace unos cinco años, después de haber crecido leyendo cosas interesantes sobre Francia… un día cualquiera, leyendo una novela con algunos datos históricos, algo me hizo click, descubrí la Notre Dame de París y bendito el día en el que me encontré con ella por primera vez..

Definitivamente si mi vida fuera un libro, agregaría un marcador en esa pagina…

alenannotredame

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