De Palermo a Siracusa en colectivo!

La alarma sonó temprano, no recuerdo la hora… pero era temprano, nos levantamos rápidamente, juntamos nuestras mochilas y salimos volando.

Llegamos a la terminal y aunque íbamos a las corridas me tomé mi segundo de paz para respirar profundo, observar todo a mi alrededor y de esta manera dejarme sorprender, es que el lugar lucía completamente distinto a la noche anterior. Hacía solo unas horas habíamos experimentado el caminar por esa terminal de noche y no pudimos más que establecer mil y un similitudes con nuestra “querida” terminal de ómnibus en Retiro.

Luego de comprar los tickets y por supuesto comprar unas delicias en una panadería, fuimos a sentarnos a esperar el colectivo que nos llevaría desde Palermo hasta Siracusa.

La llegada a Palermo había sido extraña, habíamos volado desde Madrid la tarde anterior y pese a que yo estaba segura de que abordaría un vuelo internacional, en el aeropuerto me informaron de lo obvio con un tono sarcástico, el vuelo era doméstico. Cuando aterrizamos en Sicilia entendí la parte “doméstica”, salimos del avión y caminamos y caminamos … y seguimos caminando y de pronto estábamos afuera pisando tierra Italiana sin que nadie siquiera nos haya pedido el pasaporte en el intento, tuvimos que volver para pedir información sobre como llegar al centro de Palermo desde ahí.

No teníamos planeado hacer noche en la ciudad pero una cosa llevó a la otra y nos alojamos en un bed and breakfast bastante céntrico, sin breakfast y con una bed bien cómoda… el centro de Palermo lucía magnifico entre las luces de la calle y el cielo estrellado, esa noche probamos nuestra primer pizza en Italia. 🙂 … (seguimos prefiriendo las argentinas)

Aunque tenía muchas ansias de llegar a Siracusa tenía planeado disfrutar el viaje desde Palermo…el colectivo era distinto de los que veníamos acostumbrados, para comenzar tenía más similitud con un urbano que va desde La Plata hasta Capital que con un media/larga distancia, eso sí… ventanas amplias desde las cuales podíamos apreciar todo! Por un momento me hizo sentir que no solo había viajado en distancia, sino que también había viajado en el tiempo… todo lucía de años atrás y esto en algún punto, quizás le añadía magia a esta experiencia que recién estaba comenzando.

 

La salida de la ciudad no me brindó grandes sorpresas, podía ver calles angostas cortando la avenida principal que había tomado el conductor y si bien la arquitectura era interesante y antigua, no terminaba de despertar mis sentidos.. más a la salida el paisaje se volvió casi conocido, edificios, casas, casitas y fachadas más descuidadas y humildes a medida que nos alejábamos, ciudad y más ciudad… nada a lo que no estuviera acostumbrada viniendo de Buenos Aires.

 

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De pronto autopista y ruta abierta… de a poco y como quien no quiere la cosa, la escena que fue apareciendo comenzó a llenarme el pecho…

Los paisajes eran increíbles, ruinas pequeñas en el medio de la nada cada tanto y un verde cálido que coloreaba los campos bajo un sol radiante de otoño.

 

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El día se sentía veraniego aunque debería, según las fechas haber estado más fresco, para nosotros esto era un beneficio, nos habíamos olvidado nuestros abrigos en Buenos Aires y aunque sabíamos que tendríamos que comprarnos unos medianamente pronto, queríamos tratar de evitar acarrear equipaje extra hasta que fuera estrictamente necesario.

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Luego de viajar boquiabiertos durante casi todo el trayecto llegamos a destino :). Bajamos del colectivo en una esquina que elegimos al azar, es que desde que habíamos llegado al lugar todo se había tornado extremadamente informal y el vehículo paraba a medida que los pasajeros lo iban solicitando, como si no hubieran paradas establecidas o como si no importara que éstas existieran. A esto hay que sumarle que el inglés no es lengua común por estos lados y aunque por supuesto el idioma que se habla es el italiano, lo que realmente se escucha en las calles es nada más y nada menos que el siciliano.

El día nos recibió con un abrazo de sol y brisa mediterránea, el movimiento del lugar era distinto, era más pausado, más “del interior” … nos dirigimos entonces hacia La Ortigia, donde teníamos reservado el bed and breakfast (con breakfast!) para los días que pasaríamos allí.

Recorrer sus callejuelas, caminar por el paseo marítimo, casi me hizo llorar de la emoción… tanto había esperado para llegar a este lugar, tanto me lo había imaginado, tanta lectura le había dedicado.

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Es que para mi esta es una tierra de maravillas, de las tantas que he tenido la bendición de conocer, un lugar único donde las huellas de la Magna Grecia y el estilo greco-romano persisten en sus calles…

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Sobre los quinientos encantos de Siracusa les hablaré más adelante, mientras tanto les contaré detalles, como que la isla de La Ortigia fue fundada en el siglo VIII a.C. por los Corintios y consagrada a Artemisa, que fue gobernada por tiranos, que sufrió guerras, invasiones, terremotos y pestes… y que vio nacer y morir a Arquímedes. Que esta ciudad hoy italiana, supo ser griega, romana, árabe y que todos han dejado un poquito de alma, que todos forman parte del espíritu de este lugar que hoy es nuestro, de este patrimonio de la humanidad.

Presunta tumba de Arquímedes

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Siracusa es una ciudad llena de magia, con una historia milenaria albergada en sus rincones, en sus muros y sus aguas… una ciudad que a su propio ritmo avanza en el tiempo afrontando sus retos sin perder su identidad…

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