Los doce apóstoles

Nuestro espíritu estaba pidiendo a gritos una pausa, una bocanada de aire fresco, una escapada de aunque sea unos días para explorar, para descubrir, para de una u otra manera “conquistar” lugares nuevos…

Después de dos vuelos cortos nos re-encontrábamos con esa sensación sublime que te regala el pisar un suelo que nunca antes habías pisado, con un clima cálido y un sol radiante nos recibía Melbourne por primera vez aquel Octubre de 2015.

Melbourne es una ciudad cultural e interesante, pero hoy no quiero hablar de ciudades… hoy quiero hablar sobre paisajes naturales, la estrella de hoy es la Great Ocean Road y Los doce apóstoles.

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Cuaderno de viaje, anotaciones del 29/10/15:

…“Después de deliberar un rato durante el almuerzo decidimos no alquilar un auto porque este es un lugar al que definitivamente volveremos, esta vez optamos por un day tour. La idea? relajarnos del volante y del tráfico de ciudad grande para simplemente llenar los ojos y el alma de paisaje.

La Great Ocean Road, que a su paso nos permitió disfrutar de algunos pueblos pintorescos y playas icónicas del surf nos llevó finalmente al destino principal del día: Los doce apóstoles, de los cuales quedan solo ocho en pie.

Bajamos del minibus, yo estaba aún mareada por las curvas y la ubicación de nuestros asientos.
Llené los pulmones de aire y caminé hasta el mirador, entonces los vi … estaban ahí esperándonos, imponentes, pacíficos y completamente dignos de admiración.

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Aquellos implacables gigantes de piedra caliza que hoy emergen del océano, supieron estar unidos a los acantilados que hoy los contemplan con cautela a corta distancia. La naturaleza con la ayuda de millones de años, erosión del viento y del agua, fue quien los separó.
Ellos hicieron todo lo posible para permanecer unidos, pero la naturaleza es poderosa, tiene paciencia y le sobra tiempo.

Millones de años pasaron hasta que los cambios comenzaron a verse, primero se fueron formando cuevas y cavernas, luego arcos, arcos que aun los mantenían juntos, como si estuvieran tomados de la mano. Entonces pasó lo inminente, lo que sucede en toda pulseada… una de las partes fue declarada vencedora.
En esta victoria los arcos fueron cayendo, dejando así pilares, pilares que para mi lucen como caballeros de guardia, de la guardia real de los acantilados del Parque Nacional de Port Campbell, velando por los acantilados de cerca, día y noche, siempre ahí, contra viento y marea.

El sonido del viento y las olas rompiendo en los riscos, el sol iluminando las piedras y la arena, la espuma acariciando la orilla… el alma no puede más que conmocionarse ante tanta belleza.

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Hoy la naturaleza nos emocionó, nos sacudió y en ese sacudón nos sentimos diminutos, diminutos y afortunados, porque aunque sea por una fracción insignificante de tiempo pudimos estar ahí y ser testigos de tanta maravilla.

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Hoy pudimos caminar por las playas de ‘Los doce apóstoles’ y ver sus siluetas mientras caía la tarde. Hoy pudimos sobrevolar la costa y en ese vuelo saborear la mezcla de sensaciones que solo la majestuosidad de la naturaleza te puede regalar… hoy la naturaleza nos invitó a sentirnos vivos, vivos y agradecidos de verdad…”

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