Encontrándome con Kuala Lumpur

Marzo de 2017 nos encontró en Kuala Lumpur, donde amor, odio y toda una gama de sensaciones encontradas se despertaron en mi. En esta ciudad los estímulos me abrumaron bastante, todo es distinto… ¡Todo es tan grande, hay tanta gente y hace tanto calor! Caminar por sus calles fue extraño, curioso, me hizo sentir en modo superlativo y puso mi paciencia a prueba en más de cien formas diferentes.

5 experiencias que de una u otra manera superaron mis expectativas en Kuala Lumpur:

1. La gran amabilidad de la gente, expresiones que no sonreían solo con la boca sino con la mirada. Calidez es la palabra que se me viene a la mente cuando pienso en ellos. El trato amigable más allá de las diferencias culturales fue una bocanada de aire fresco en medio del calor y la humedad de las calles de Kuala Lumpur. Conversaciones curiosas, hospitalidad, preguntas y respuestas que construyen puentes en vez de levantar muros, esa creo yo fue una de las experiencias más positivas que me traje conmigo.

2. El desafío de cruzar una calle y la vida entera pasándose por delante de mis ojos en cada intento.
 Nos recuerdo parados en una esquina esperando a que el tráfico, por esta cosa cíclica a la que estamos acostumbrados, nos diera una ventana por la cual pasar… pero nada, ¡Esto era la ley de la jungla! Aparecieron de pronto dos señoras y así como llegaron, casi sin analizar la situación o el tráfico, pusieron un pie en la calle y arrancaron a cruzarla evadiendo autos y motos a su paso con la agilidad de Messi a punto de meter un gol. Kuala Lumpur no es una ciudad para peatones. Aquí todo está preparado para vehículos y llegar a algunos lugares a pie fue toda una odisea. Sin embargo, si no caminás hay cosas que no vas a experimentar, por eso no me arrepiento ni un segundo de las desafiantes horas de caminata que hicimos.

Muy cerca del centro, pero por aquí nadie camina
Quizás el medio de transporte más popular

3. Imponencia vs Impotencia. Kuala Lumpur no es la excepción a la regla y como todos los lugares, tiene dos caras. La del desarrollo económico y prosperidad y la de la miseria de los menos afortunados. Sentí que en esta ciudad esa brecha se exhibe como una cachetada de realidad a cada paso que das.
 Aquí es normal ir caminando y apreciar edificios de una modernidad futurista y ‘glamour’ que te dejan asombrado pero que desencajan completamente con la fotografía que te regala el restaurant de la esquina, donde los platos se lavan precariamente en una batea en el piso de la vereda.

Torres Petronas

4. La contaminación de la ciudad y lo acostumbrada que está la gente a esto es algo que me impactó. – ‘Que no se te vaya a ocurrir tomar agua de la canilla en Kuala Lumpur!’, me dijeron amigos que habían estado ahí antes. Una vez en la ciudad, cada canilla con la que me crucé, incluidas las de los alojamientos, tenían la señal de no beber. Quizás no estaba preparada mentalmente para ver la degradación del ambiente como creí haber estado. El aire está contaminado, las aguas están contaminadas y hay mucha basura en las calles, basura que es parte del “paisaje” cotidiano. Caminando se pueden percibir las alcantarillas eliminando sus vapores y se puede sentir como este lugar huele a gran ciudad de una cultura ajena y desconocida. Los olores cambian de zona a zona mientras las ratas, de un tamaño altamente competitivo con la especie felina, deambulan tranquilamente día y noche sin discriminar elegancia alguna.

5. La diversidad cultural reflejada en el arte culinario es asombrosa, no en vano esta ciudad es famosa por su cocina! Kuala Lumpur tiene platos para todos los gustos y si bien el arroz está presente en casi todas las opciones, hay que reconocer que son bastante creativos. Este lugar es ideal para aquellas personas que quieren experimentar y salir de su zona de confort. Los mercados de comida son interminables y ofrecen tantas opciones que marean. No podía dejar de sorprenderme con semejante variedad de cosas dulces, saladas y extremadamente picantes. Comida india, china, japonesa, tailandesa, vietnamita, platos autóctonos, frutas de vivos colores, jugos de caña, helados preparados desde cero frente a tus ojos en menos de 10 minutos y versiones extravagantes de cocina occidental… 
Ale (el más aventurero de nosotros dos en este rubro) probó algunas cosas interesantes, aunque con mucha cautela ya que un vuelo de mil horas nos esperaba y no podía darse el lujo de que le pase lo que le pasa a todo el mundo aunque sea una vez al visitar Kuala Lumpur, o sea intoxicarse!
Un día preguntó con el menú en mano si ese plato que estaba por pedir era muy picante… La respuesta que recibió (con una amplia sonrisa por supuesto), fue: – A little bit. ‘un poquito’. Bueno, en pocas palabras era más huge que little y más bien very que bit. Igual con valentía y mucha agua terminó su plato “A little bit spicy”.

China Town

Esta ciudad aunque caótica, nos resultó como mínimo interesante.
Aquí se puede salir de un templo chino y en menos de cinco minutos encontrar un templo hindú. Continuar la caminata y en un abrir y cerrar de ojos llegar a una mezquita. 
Este lugar es ecléctico, pienso cuando observo tres culturas dominantes, más turistas y viajeros a montones conjugarse a diario. – ‘Todo parece fluir naturalmente’, le dije a una chica malaya que trabaja en el Mercado Central mientras charlábamos, – ‘Existen fricciones cotidianas, pero se tolera’, me contestó.
Por supuesto… no todo lo que brilla es oro. Sin embargo, aunque existan tensiones es maravilloso ver esta multiculturalidad coexistir y se siente que la tolerancia es la diva de la fiesta, de otro modo esto sería un imposible con mayúsculas.

Central Market

Cada lugar nuevo es una chance de experimentar cosas distintas, comida diferente, gente con otra manera de pensar , de sentir y de vivir.
Soy de las que creen que ‘experiencia’ fuera de contexto crea confusión, por eso traté de leer un poco sobre la historia y la confluencia cultural de esta ciudad, esto me acercó aunque sea un poquito a entender lo que viví caminando por sus calles. Ese conocimiento, aunque súper mínimo, fue clave como la pieza central de un rompe cabezas y me ayudó a entender y a procesar lo que sucedía a mi alrededor desde otro lugar.

El último día decidimos subir al punto mirador más alto de la ciudad. Desde este mirador de 360 grados podemos decir que se puede ‘Conquistar’ Kuala Lumpur…. y así nos queríamos despedir de este lugar.
Desde aquí pudimos ver a través de un aire enrarecido por el smog, cómo la caótica jungla de cemento se extiende de una forma irreverente, hasta que allá, muy a lo lejos la naturaleza se asoma y de pronto la ciudad comienza a perderse y a mezclarse con una verde espesura, que con suavidad parece ponerle un alto a toda esta locura.

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