Crónicas de una Cuarentena Sencilla

El lunes 23 de marzo los gobernantes anunciaron que desde el miércoles 25 de marzo a las 11:59 pm New Zealand entraría en Estado de Alerta Nacional – Nivel 4.

Ahora tendríamos que trabajar desde casa, no podríamos salir normalmente a la calle, se cerrarían las fronteras del país, etc. Nada fuera de “lo normal” considerando lo que es “normal” hoy en el mundo entero.

Si estuviéramos tomando un te con algo rico, te contaría que creo que esta es la primera vez en nuestras vidas que estuvimos adentro de casa por 10 días seguidos – el día 11 tuvimos que ir al supermercado, otra odisea!

Te contaría también que no nos resulta difícil, quizás somos más raros de lo que creemos. Quiero decir que mientras que amamos las actividades al aire libre, hacer hiking, viajar o simplemente agarrar el auto y la cámara y salir por ahí, también disfrutamos nuestro tiempo en casa, realmente lo disfrutamos. Nuestra pequeña casa es un nido de felicidad! Hay tantas cosas interesantes para hacer en este hogar que nunca podríamos aburrirnos.

Al margen de las mil cosas que podríamos hacer, la realidad es que estuvimos trabajando un montón y no tuvimos mucho tiempo libre. Cada día nos levantamos y luego del café salen las 8 o 9 horas de trabajo, al final entre pito y flauta las horas del día nunca son suficientes para hacer todo lo que quisiéramos. Igual, como no podemos salir nos amañamos para hacer cosillas variadas las horas restantes del día.

Acá hay algo importante que quiero contarte, y es que aunque no nos cueste estar en casa, me di cuenta de que esta situación no me estaba resultando del todo amena, esa es la verdad. Sentía la ansiedad como un nudo en mi estómago y sentía que estaba creciendo.
Esta ansiedad se manifestó de mil maneras, estaba ahí cuando chequeaba las noticias una vez por hora como si algo iba a cambiar en 60 minutos, estaba ahí cuando de pronto me encontré quejándome de cosas tontas y me encontré irritable con el trabajo, o cuando sentía que quería comer todo el tiempo. Esta ansiedad quería crecer y si no tomaba control se convertiría en un monstruo inmanejable.

Así que clavé freno de mano, lo hice como en esas épocas en que me gustaba hacer girar el auto en alguna calle de tierra solitaria… Con el freno puesto tuve una charla conmigo misma. Me dije lo obvio, pero era lo obvio que necesitaba escuchar de mi propia voz, con mis propias palabras. Me dije lo obvio, esto es la vida, con lo bueno y con lo malo y estas son las vicisitudes que tenemos que sortear hoy, nuestros abuelos y nuestros padres no lo tuvieron más fácil y de hecho todo lo que pasaron ellos fue muchísimo más difícil que esto – entonces, tuve vergüenza conmigo misma de mis quejas. Me recordé a mi misma donde vivo y donde viven otros, me recordé muchas cosas que tontamente parecía haberme olvidado, o que las estaba pasando por alto.

Desde ese momento me cambié el chip mental, habían pasado solo un par de días de lockdown, pero necesitaba tomar cartas en al asunto antes de que los días sigan transcurriendo.
Me puse en modo positivo, optimista – el cual en general es mi modo característico, pero por alguna razón los primeros días de “cuarentena” no podían encontrarme en sintonía conmigo misma – me puse en modo de gratitud y de apreciación, puse todo en perspectiva.

Como una paradoja, mientras que los primeros 3 días fueron soleados y lucían llenos de optimismo, mi alma estaba abajo de una gran nube gris. Entonces, comenzó a llover y la lluvia no paró por 4 días, pero yo comencé a sentir el sol calentando de a poco mi espíritu dándome claridad.

Los primeros 10 días se sintieron larguísimos, y aunque al principio me quejé y me preocupé más de lo aceptable, por suerte esa actitud hoy está atrás.

Entonces, qué pasó durante los primeros 10 días de “cuarentena”?

Trabajé un montón todos los días, incluso más de lo normal, también me carcomió la ansiedad y la domé – gané esa batalla! – miré el sol y la lluvia desde mi escritorio, desde el living y desde la habitación.

Hicimos menos ejercicio que de costumbre, pero con mucha más intensidad que normalmente, hicimos yoga y estiramientos y fue muy divertido.
Escuchamos mucha música y como punto negativo estuvimos mucho tiempo sentados.
Mandé y recibí muchos mensajes de voz e hice varias video-llamadas, de esas que te alegran el corazón.

Miré Instagram más que de costumbre – para que nos vamos a mentir – pero lentamente dejé de revisar las noticias una vez por hora para comenzar a hacerlo únicamente dos veces por día.

Nos reímos mucho, pero mucho eh!

También hicimos muchas cosas ricas, pero llamativamente ni perdimos la rutina, ni exageramos con la ingesta.
Tomamos muchísimo té verde y mate, y tomamos más café que cuando estamos viajando!

Lavamos ropa y mantuvimos la casa limpia, ventilada y ordenada todo el tiempo, estamos acá 24 horas y tenemos que estar a gusto y en paz.

Tomé clases online de mil y un disciplinas, desde gimnasia hasta edición de videos y edité mi primer video!
Miré videos de viajes y de viajeros, escuché entrevistas y leí, dormí muy poco… Miramos algunas películas y varios documentales, saqué fotos de flores y de abejas cuando no llovía y de comida cuando llovía.

Ordené mis archivos digitales y escribí en mis cuadernos, actualicé mi sistema operativo, ordené mis folletos y recuerdos de Japón y tuve ganas de estar ahí. Pensé en viajar y soñé despierta con viajar, quienes me conocen saben que ese es mi gran motor.

Pero por sobre todo me sentí agradecida de estar donde estoy, en este presente que supimos construir ayer y que hoy nos da un poco de estabilidad en medio de tanta incertidumbre.

Me sentí agradecida porque estoy trabajando, porque tengo trabajo cuando tanta gente lo perdió… y como siempre, hice mi trabajo con ganas y alegría.

Me sentí agradecida de estar en esta vida con quien estoy, porque este duo es invencible, en este duo todo lo bueno es mejor y lo no tan bueno se hace tolerable.
Me sentí agradecida porque la familia está bien, por mis amigos, por el país en el que vivo, por el agua caliente al ducharme, por los alfajores que me llegaron por correo, por los libros que tengo para leer.

Estaremos en esta situación por cuatro semanas más – por ahora 5 en total – pero puede extenderse…. Nuestros viajes se van cayendo y puedo visualizarlos como en efecto dominó, pero respiro profundo porque este no es el final…después de un temporal siempre sale el sol.

Hoy mi corazón está con todas las personas que perdieron más de lo que puedo imaginar, con las personas que perdieron sus trabajos, familiares, amigos, parejas… mi corazón está con aquellos que estaban atravesando una depresión y ahora no pueden salir de sus casas, con esas personas que viven en situación de inseguridad, de violencia doméstica y que tienen que estar encerradas en sus casas con sus maltratadores… Mis pensamientos están con esas personas que no pueden en este momento ver la luz al final del túnel…

Esto también va a pasar, pero mientras tanto no se olviden de ser humanos con ustedes mismos y con los demás, no se olviden de que la empatía y la solidaridad son importantes… pongámonos en el los zapatos del otro antes de quejarnos porque hoy no podemos salir, o porque hoy no podemos viajar… pongamos las cosas en perspectiva!

A tomar ahora el décimo te verde del día y a cocinar una pizza con base de coliflor!

Hasta mi próxima tarde libre!

Un comentario sobre “Crónicas de una Cuarentena Sencilla

  1. Norma Parodi

    Gracias Nan!!! Es interesante observar cómo luego de sentirte contrariada, al ver la realidad surge el agradecimiento. A partir de allí el optimismo se presenta y la motivación hace que no te alcancen las horas del día. Todo ello acompañado de hermosas y deliciosas fotos.
    Felicitaciones!!!!!

    Le gusta a 1 persona

Y vos qué pensas? Dale!!! Me dejás un pensamiento? :)

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